Fumar, beber, o simplemente conectarse al tuenti y hablar con montones de personas con las que la conversación más larga que has tenido es un: Hola, ¿Qué tal?, salir, y volver a salir, la música, la pintura, escribir, o leer, los móviles, la ropa, hasta la manía de la gente de morderse las uñas. Dependencia. ¿A quien no le pasado ir por la calle y necesitar algo de música que te acompañe, o alguien con quien hablar? ¿Quien no ha marcado el número de un amigo cuando se sentía mal, o simplemente cuando se aburría? ¿Pasar la necesidad que te besen esos labios? ¿O encender un cigarrillo cuando estás nerviosa? Por desgracia para nosotros la vida es una mezcla de necesidades y manías, lo que sentimos, lo que pensamos, todo. ¿Qué es el amor más que necesitar a esa persona que amas? ¿Alcoholemia? ¿Fumador? ¿Artista? Todo en nuestra vida nos hace dependientes, seres que necesitan todo lo que tienen y lo que no. Pero ¿sabéis que es lo peor? Cuando dependes tanto de algo que haces que sea lo más importante en tu vida, en esos momentos en los que se acabaría el agua y ni te darías cuenta, en los que dejas que todo lo demás, toda tu vida, pierda el valor que le dabas, y solo necesitas ese pequeño vicio para ser feliz. Y es que en el fondo eso somos, personas adictas a la felicidad. Nos pasamos la vida buscándola, más y cada vez más, aún que solo sea por un minuto de esa droga que nos mueve, lo daríamos todo. Y ahora asomaros a la ventana, salir algún domingo, sábado, viernes o incluso lunes, en la cara de todos aparecerá una preciosa sonrisa forzada, cuanto más grande mejor, por que ¿para que sirve tener nuestro minuto de felicidad si no podemos hacer que el resto se muera de envidia? Bodas, despedidas de soltera, fiestas de inauguración, anillos de compromiso, ¿Qué son más que muestras de tu propia felicidad?
Para todos, y no me lo podeis negar, lo más importante es conseguir la felicidad tan deseada y gritarla lo más alto que podamos.

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