miércoles, 21 de noviembre de 2012

Ella.Él.

Ella era alegre, alegre como el sol. Sonriente en cualquier momento. No tenía preocupaciones, y si las tenía, no se molestaba en pensar en ellas. Vivia a lo loco, sin pensar lo que hacía, sin saber lo que haría después. Cada mañana salían esos dos ojos felices, esperando que callera la noche para verle a él. Atolondrada, despistada, un autetico desastre que los días de tormenta se olvidaba de salir. En su boca siempre palabras de animo, siempre mirando la vida con una luz especial, positividad en persona, o puede que también ingenuidad. Y en sus ojos, un cariño excesivo. Cuando llora se esconde, solo pocas veces la verás salir. Vergonzosa algunas veces, ocultándose tras nubes pasajeras. Así era ella, la luz que cada noche intentaba que su sonrisa perfecta brillara. Él era único, único como cada noche de luna llena. Muchas de las cuales pasaba por sus ojos negros la puta tristeza, que solía desaparecer llegando la mañana. Tranquilo pero también inquieto, siempre sabía cuando parar. Cariñoso con suavidad, delicado, dulce, protector; inteligente, maduro... las preocupaciones le agobian, pensando en lo que pueda pasar, viendo solo la oscuridad de la noche, sin pensar en lo bueno de la vida. Siempre está hay, aún que no le veas, como en las noches de luna nueva. Si, eran completamente distintos, como la noche y el día, como la luna y el sol, pero ella sin él no sería la misma y él sin ella no sabría vivir.




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