Hay un lugar en una remota montaña de un desconocido pueblo,
en el que los sueños se hacían realidad. Hay otro lugar en una pequeña ciudad,
en un bonito piso, en el que se vivía un sueño. Y hay un lugar en una cabeza
desordenada, en la que no se olvida aquellos sueños, ni aquel piso, ni aquel árbol,
ni siquiera la sonrisa que vestía esa tarde aquel niño.